Pastel con crema de vainilla, queso y duraznos
Base: Comenzamos separando los huevos con cuidado, asegurándonos de que las yemas no entren en contacto con las claras, para lograr una espuma perfecta más tarde. Mezclamos las yemas con el azúcar, usando una batidora a velocidad media, hasta que la mezcla se vuelva clara y espumosa. Esta es la etapa crucial, ya que el aire incorporado ayudará a que la base sea esponjosa. Agregamos el aceite gradualmente, mezclando constantemente, para que se integre bien.
En otro bol, tamizamos la harina, el cacao y el polvo de hornear, mezclándolos bien para evitar grumos. Esto asegurará una textura uniforme para la base. Incorporamos los ingredientes secos a la mezcla húmeda, removiendo con una espátula, teniendo cuidado de no mezclar demasiado, para no afectar la aireación.
El durazno, bien lavado y pelado, lo cortamos en cubitos pequeños, añadiéndolos a la mezcla de la base. Estos aportarán un sabor fresco y una textura interesante. En otro bol, batimos las claras de huevo con una pizca de sal hasta obtener una espuma firme, que le dará a las bases una estructura aireada. Incorporamos cuidadosamente las claras a la mezcla de la base, usando una espátula, con movimientos suaves de arriba hacia abajo.
Después de obtener una mezcla homogénea, forramos una bandeja de 24/37 cm con papel de hornear, vertemos la mezcla y la nivelamos con una espátula. Colocamos la bandeja en el horno precalentado a 180°C y horneamos durante 18-20 minutos. Hacemos la prueba del palillo: si sale limpio, la base está lista. La sacamos del horno y la dejamos enfriar completamente sobre una rejilla.
Crema: En un bol, mezclamos el almidón con el azúcar y un poco de leche, asegurándonos de que el almidón esté completamente disuelto. Llevamos el resto de la leche a ebullición en una cacerola, y cuando empieza a hervir, reducimos el fuego, añadiendo la mezcla de almidón. Revolvemos continuamente hasta que la crema espese, obteniendo una consistencia similar a la del pudín.
Una vez que retiramos la crema del fuego, añadimos la mantequilla y la incorporamos bien, dejando que la crema se enfríe cubierta. Por separado, batimos la nata fría, obteniendo una espuma firme. Mezclamos suavemente la crema de vainilla fría, añadiendo el queso cottage, el azúcar glas y la esencia, continuando a mezclar hasta homogeneizar. Añadimos los duraznos en cubitos, mezclando delicadamente con una espátula, y luego incorporamos 2-3 cucharadas de la nata montada para obtener una textura esponjosa.
Colocamos la base fría sobre el papel de hornear, con la parte inferior hacia arriba. Extendemos la crema uniformemente sobre la base y la nivelamos con una espátula. Sobre la crema de vainilla, extendemos con cuidado la nata restante, alisando bien. Finalmente, espolvoreamos chocolate rallado por encima, que añadirá un toque de refinamiento y un sabor intenso a chocolate.
Colocamos el pastel en el refrigerador durante 3-4 horas para enfriar y endurecer un poco. Después de que se haya enfriado, lo cortamos con un cuchillo bien afilado, teniendo cuidado de no estropear las capas. Servimos cada porción con una sonrisa y una gran cantidad de sabores deliciosos. ¡Buen provecho!
Ingredientes: Para la masa: 6 huevos 6 cucharadas de azúcar 6 cucharadas de aceite 2 cucharadas de cacao 3 cucharadas de harina 2 cucharaditas de levadura en polvo 2 cucharaditas de esencia de vainilla 1 melocotón de compota una pizca de sal Crema: 550 ml de leche 5 cucharadas de fécula 5 cucharadas de azúcar 80 g de mantequilla 500 g de requesón cremoso 300 ml de nata líquida montada 2-3 melocotones de compota 3 cucharaditas de esencia de vainilla 2 cucharadas de azúcar glas 30 g de chocolate con leche
Etiquetas: huevos leche unt harina aceite queso azúcar frutas chocolate cacao galletas