Tarta de Durazno
Primero, nos ocupamos de la crema que le dará un sabor perfecto a nuestro pastel. Comenzamos poniendo 400 ml de leche en una cacerola a fuego medio, asegurándonos de no dejarla desatendida para evitar que se queme. Mientras la leche alcanza el punto de ebullición, nos concentramos en preparar la mezcla de yemas. Batimos bien hasta obtener una crema esponjosa, amarilla y homogénea, batiendo las yemas con azúcar y vainilla, añadiendo gradualmente la harina. Cuando la leche comience a hervir, la vertemos con cuidado sobre la mezcla de yemas, batiendo continuamente para evitar que los huevos se coagulen. Continuamos mezclando hasta que la crema espese y se vuelva suave. Una vez que hemos logrado la consistencia deseada, apagamos el fuego y dejamos que la crema se enfríe, cubriéndola con plástico para evitar que se forme una costra.
Mientras tanto, nos dedicamos a la masa. En un tazón grande, ponemos la harina, la mantequilla a temperatura ambiente, el polvo de hornear, el azúcar, los huevos, la cáscara de limón rallada y una pizca de sal. Amasamos bien los ingredientes hasta obtener una masa homogénea y elástica. Es importante no apresurarse en este paso, ya que un amasado correcto hará que la masa sea esponjosa y sabrosa. Una vez que la masa esté lista, la envolvemos en film transparente y la dejamos en el refrigerador durante 40 minutos. Esto permitirá que la mantequilla se endurezca, proporcionando así una mejor textura al pastel.
Después de 40 minutos, sacamos la masa del refrigerador y la extendemos sobre una bandeja para hornear, cortada según las dimensiones de la bandeja. Con la ayuda de un rodillo, nos aseguramos de que la masa sea uniforme, sin áreas más gruesas o más delgadas. Una vez extendida, colocamos la masa, junto con el papel de hornear, en la bandeja y metemos todo en el horno precalentado a 180 grados Celsius. Dejamos que la masa se hornee hasta que se vuelva dorada y hermosa, aproximadamente 20-25 minutos. Una vez lista, sacamos la bandeja del horno y dejamos que la masa se enfríe completamente sobre una rejilla.
Una vez que la masa se haya enfriado, la retiramos con cuidado del papel de hornear y la colocamos en una bandeja de servir. Es el momento perfecto para extender la crema enfriada uniformemente sobre la superficie de la masa, asegurándonos de que cada pieza tenga una porción generosa. Lavamos los duraznos, los cortamos en rodajas finas y los colocamos artísticamente sobre la deliciosa crema, según nuestras preferencias. Cada rodaja de durazno añadirá un toque de frescura y un contraste agradable de texturas.
Para finalizar este postre, preparamos la gelatina según las instrucciones del paquete, asegurándonos de disolverla correctamente. La vertemos con delicadeza sobre las rodajas de durazno, asegurándonos de que toda la fruta esté cubierta uniformemente. Dejamos que el pastel repose en el refrigerador para que la gelatina se fije. ¡Buen provecho!
Ingredientes: Para la crema pastelera: -500 ml de leche -150 g de azúcar -5 yemas de huevo -1 vainilla -1 vainillina -50 g de harina Para el bizcocho: -250 g de harina -1 huevo entero + 1 clara - ralladura de un limón - sal -100 g de azúcar -1 levadura química Para la decoración: -4 melocotones -1 gelatina
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