La levadura se remoja en un poco de agua tibia, asegurándose de que la temperatura no sea demasiado alta para evitar destruir los microorganismos beneficiosos de la levadura. En un tazón grande, tamizamos la harina para airearla y eliminar cualquier impureza. Hacemos un hueco en el centro de la harina, como un pequeño cráter, donde agregaremos los ingredientes clave. Aquí, añadimos el azúcar, que le dará un toque de dulzura a la masa, la sal, que realzará los sabores, y la manteca o el aceite, según las preferencias. Después de que la levadura se haya activado y se haya vuelto espumosa, la añadimos al centro de la harina.
Comenzamos a amasar la masa con las manos, añadiendo gradualmente un poco de agua tibia hasta que la masa se vuelva homogénea y elástica. Es importante asegurarse de no añadir agua de una vez, sino gradualmente, para lograr la consistencia deseada. Una vez que hemos obtenido una masa que ya no se pega a las manos, la volcamos sobre una superficie de trabajo enharinada y continuamos amasando enérgicamente durante unos 10-15 minutos. Esta etapa es esencial para desarrollar el gluten, lo que hará que las scovergi sean esponjosas y aireadas.
Una vez que la masa está bien amasada, la ponemos de nuevo en el tazón, la cubrimos con un paño limpio para que no se seque y la dejamos crecer en un lugar cálido hasta que duplique su volumen. Este proceso de levado es crucial para lograr una textura ligera y esponjosa. Después de que la masa ha crecido, la dividimos en seis partes iguales. Cada pieza se estira con las manos, formando discos del tamaño deseado, teniendo cuidado de no hacerlos demasiado delgados.
En una sartén profunda, calentamos el aceite. Es importante que el aceite esté bien caliente antes de añadir las scovergi para lograr un dorado uniforme y apetitoso. Cuando el aceite empieza a chisporrotear, colocamos cuidadosamente las scovergi en la sartén. Las pinchamos en el medio con un tenedor para permitir que escape el vapor y evitar que se inflen demasiado. Freímos las scovergi hasta que se vuelvan doradas y crujientes por ambos lados, recordando girarlas con cuidado. Cuando estén listas, las retiramos sobre un papel absorbente para absorber el exceso de aceite. Sírvelas calientes, quizás con un poco de queso o crema agria, y disfruta de su delicia! ¡Buen provecho!
Comenzamos a amasar la masa con las manos, añadiendo gradualmente un poco de agua tibia hasta que la masa se vuelva homogénea y elástica. Es importante asegurarse de no añadir agua de una vez, sino gradualmente, para lograr la consistencia deseada. Una vez que hemos obtenido una masa que ya no se pega a las manos, la volcamos sobre una superficie de trabajo enharinada y continuamos amasando enérgicamente durante unos 10-15 minutos. Esta etapa es esencial para desarrollar el gluten, lo que hará que las scovergi sean esponjosas y aireadas.
Una vez que la masa está bien amasada, la ponemos de nuevo en el tazón, la cubrimos con un paño limpio para que no se seque y la dejamos crecer en un lugar cálido hasta que duplique su volumen. Este proceso de levado es crucial para lograr una textura ligera y esponjosa. Después de que la masa ha crecido, la dividimos en seis partes iguales. Cada pieza se estira con las manos, formando discos del tamaño deseado, teniendo cuidado de no hacerlos demasiado delgados.
En una sartén profunda, calentamos el aceite. Es importante que el aceite esté bien caliente antes de añadir las scovergi para lograr un dorado uniforme y apetitoso. Cuando el aceite empieza a chisporrotear, colocamos cuidadosamente las scovergi en la sartén. Las pinchamos en el medio con un tenedor para permitir que escape el vapor y evitar que se inflen demasiado. Freímos las scovergi hasta que se vuelvan doradas y crujientes por ambos lados, recordando girarlas con cuidado. Cuando estén listas, las retiramos sobre un papel absorbente para absorber el exceso de aceite. Sírvelas calientes, quizás con un poco de queso o crema agria, y disfruta de su delicia! ¡Buen provecho!
Ingredientes
500 g de harina, 350-400 ml de agua, un cubo de levadura, 2 cucharadas de azúcar, 1 cucharada de manteca sólida (2 cucharadas de aceite), 1/2 cucharadita de sal. Para freír: 1/2 l de aceite.